
Crítica, ensayos y reseñas
En este espacio se difunde la recepción crítica de las obras que conforman el catálogo de la Editorial Ateneo Tzapotlatena: notas, artículos, ensayos y reseñas publicadas en periódicos, diarios o revistas.
La prosa hablada de Juan Rulfo, por Carlos Axel Flores Valdovinos
Pedro Valderrama Villanueva
Juan Rulfo es, tal vez, el escritor más reconocido y estudiado de nuestras letras, tanto dentro como fuera de México. El interés por el escritor jalisciense surge a partir de la publicación de sus primeros (y únicos) libros, El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955). Ha sido objeto de incontables traducciones, estudios y numerosas biografías. Me atrevo, incluso, a asegurar que existe un culto en torno al autor. Hay toda una mística que envuelve su vida, sus orígenes y la raíz de sus inolvidables historias. Aunque recientemente se volvió a poner en boga su única novela, gracias a la película producida por Netflix, en 2024, el nombre de Rulfo va mucho más allá de modas pasajeras.
En el Sur de Jalisco su presencia es, desde hace varias décadas, latente, principalmente, en poblados como Sayula, Apulco, Tuxcacuesco y San Gabriel, donde se pueden localizar estatuas dedicadas al escritor, un museo, una biblioteca, un mirador, una casa de la cultura, la ruta rulfiana “Los Murmullos”, dos concursos literarios y dos festivales culturales organizados en homenaje al autor desde mediados de los años ochenta. En tantas palabras, el nombre de Juan Rulfo aún galopa por El Llano Grande, gracias, en gran medida, a los cornistas de algunas de estas localidades y los promotores de la cultura.
Si bien es cierto que el estudioso que desea adentrarse en la obra de Rulfo debe aguzar la vista para descubrir posibles nuevas perspectivas para abordar y ofrecer nuevos hallazgos en torno a su trabajo, pues, como ya mencioné, la escritura de este autor ha sido objeto de innumerables trabajos editados tanto dentro como fuera de nuestro país. Hallamos diccionarios, estudios particulares de cada uno de sus libros, biografías, libros colectivos con ensayos, compilaciones de textos suyos poco conocidos, ediciones críticas, frecuentes reediciones y nuevas traducciones.
Cuando se trata de la bibliografía producida desde Jalisco, dedicada a estudiar, rescatar y difundir la vida y obra de Juan Rulfo, lamentablemente, encontramos escasos títulos sobre el escritor. Aunque cabe señalar que, desde Guadalajara, estudiosos como Wolfgang Vogt, autor de Juan Rulfo y el Sur de Jalisco (1994), Dante Medina, autor de Homenaje a Juan Rulfo (1989) y Mis muchos Rulfos, mis Rulfos míos (2018) y, más recientemente, Kenia Cornejo Márquez, autora de La historia según Juan Rulfo (2022), se han encargado de escribir libros indispensables para adentrarse en la obra del escritor.
Por otra parte, desde el Sur de Jalisco hallamos, asimismo, escasos libros, pero de indudable relevancia, que nos revelan interesantes perspectivas en torno al escritor. El más antiguo trabajo dedicado al autor jalisciense, del que tenemos noticia, es Antecedentes y datos biográficos de Juan Rulfo (1987), escrito por el historiador sayulense Federico Munguía, que fue, en su momento, el libro más completo con respecto al tema de los orígenes del narrador. Este título ha gozada, hasta ahora, de al menos cuatro reediciones. José de Jesús Guzmán Mora, cronista de San Gabriel, escribió Antecedentes del Festival Cultural San Gabriel en Homenaje a Juan Rulfo (2019), que ofrece una historia muy completa de los orígenes y el desarrollo de este acontecer que se ha organizado a lo largo de casi cuatro décadas, durante el mes de mayo, en dicho municipio.
Carlos Axel Flores Valdovinos se ha venido revelando, en años recientes, como uno de los estudiosos más completos en lo que se refiere a la literatura jalisciense. Su producción bibliográfica inicia con El estilo de Arturo Rivas Sainz (2018), el primer volumen que forma parte de un ambicioso proyecto que pretende publicar la obra completa del escritor alteño en varios tomos. Poco después, publica Las generaciones de Juan José Arreola (2018), Crítica de la crítica. Ensayos sobre Arturo Rivas Sainz (2022), Sumario. Índice de la revista Summa (2023), El estilo de Arturo Rivas Sainz. Tomo II. Volumen 3 (2024) y, en 2025, nos ofrece dos libros más: La Lira Guzmanense. Selección de la Lira Guzmanense del Semanario Regional Independiente Vigía (Ciudad Guzmán, 1955-1957) y Prosario. Juan Rulfo. Cuatro entrevistas.
En cuanto me enteré del presente libro de Carlos Axel, en automático, me pregunté: ¿qué novedad podría, a estas alturas, ofrecerse en torno a Rulfo? Pues, como podemos apreciar, pareciera que el tema está más que agotado. Sin embargo, el autor de Prosario tiene el acierto de inspirarse en los libros de Jorge Arturo Ojeda sobre Juan José Arreola, es decir, en aquellos volúmenes que rescatan sus conferencias, entrevistas, charlas y participaciones en mesas redondas: La palabra educación (1973) y Y ahora, la mujer… (1975), y Apuntes de Arreola en Zapotlán (2014), de Vicente Preciado Zacarías, que también debe incluirse dentro de este conjunto de libros.
Carlos Axel, pues, nos presenta la prosa oral de Rulfo, que, aunque, como apreciamos a lo largo del volumen, no es tan rica y elocuente como la de Arreola, más bien tosca y lacónica —como muchos de los personajes de sus libros—, aun así, nos revela interesantes detalles que, tal vez, habían pasado inadvertidos por parte de lectores y estudiosos de su obra. Son cuatro entrevistas que Flores Valdovinos rescatadas y transcritas, pacientemente, para el presente volumen: “Juan Rulfo, «A Fondo»” (1977), “Entrevista a Juan Rulfo” (1979), “Entrevista a Juan Rulfo” (1983) y “La última entrevista a Juan Rulfo” (1985).
En conclusión, Carlos Axel, con Prosario, logra ofrecer un volumen novedoso para especialistas, entusiastas y lectores curiosos en torno a la vida y obra de Rulfo. Flores Valdovinos, con el presente título, asimismo, logra ampliar su repertorio temático como estudioso (Arturo Rivas Sainz, Juan José Arreola, la hemerografía jalisciense y, ahora, Juan Rulfo). En los próximos años, seguramente, escribirá nuevos títulos que, al igual que los aquí citados, también contribuirán al conocimiento y grandeza de nuestras letras.
Río crecido, cuentos de Félix Torres Milanés
Presentación
Carlos Axel Flores Valdovinos
Por encima del río,
obre las copas verdes de las casuarinas,
vuelan parvadas de chachalacas verdes.
Juan Rulfo
El libro Río crecido, de Félix Torres Milanés, es una colección de cuentos publicada en 1970 y distinguida con la Medalla de Oro en los Juegos Florales de Guadalajara, reconocimiento que da cuenta de su alto valor literario dentro de la narrativa mexicana del siglo XX.
La Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena publica esta obra inédita en la Colección Ilustres de Jalisco en conmemoración del 105 aniversario de su natalicio, celebrado el 30 de enero de 2026. Cabe mencionar que el rescate de los textos estuvo a cargo de Milton Iván Peralta y aparece un “Retrato a dos voces” en conjunto con el investigador Carlos Axel Flores Valdovinos, quien estuvo al cuidado de la edición junto a Elba Ventura López. La selección de este libro incluye seis relatos: “Natividad”, “El pozo”, “Rancho viejo”, “Liborio”, “Rivalidades” y “No vivió para vivir [Historia de un mendigo].
Uno de los grandes méritos de Río crecido es su lenguaje. Torres Milanés logra una combinación notable entre la oralidad campesina y una prosa profundamente poética.
Río crecido es una obra atravesada por el fatalismo. Los personajes intentan huir —del pasado, de la vergüenza, del dolor—, pero la huida casi nunca conduce a la libertad.
La obra reúne cuentos ambientados en el campo rural del sur de Jalisco, aunque no es un libro costumbrista en el sentido tradicional, ya que se destaca la riqueza de un lenguaje poético mezclado con la oralidad campesina, lo que dota a los textos de un estilo auténtico.
Cabe mencionar que la prosa de Torres Milanés es rica en imágenes, metáforas y descripciones de la naturaleza, sin perder nunca el arraigo en la realidad social de sus personajes.
El cuento de “Natividad” es una de las narraciones más perturbadoras de la obra. La historia se sumerge en el personaje de “Nati López”, una mujer que vive sola en el Rancho “La Peñitas”, cuidando chivas, puercos y vacas. El río, que da título al libro, funciona como un símbolo central. Es cauce de vida, pero también frontera, amenaza y tumba. El río crece, se desborda y arrastra, como lo hacen las pasiones humanas que recorren los cuentos. La geografía literaria de Félix recorre caminos que van de Tecalitlán, Pihuamo hasta pueblos y ranchos como Tepeque, Ahuijullo: El Rancho La Cruces y El Puente de Dios, Ranchos La Lima y de Barreto.
El cuento “El pozo”, incluido en el libro: Río crecido de Félix Torres Milanés, es uno de los relatos más profundos y simbólicos de la obra. En esta narración, el autor construye una intensa reflexión sobre la culpa, la huida, la memoria y la imposibilidad de escapar del conflicto interior.
“El pozo” es un cuento de gran fuerza literaria que aborda temas humanos como los celos, la culpa, la identidad y la soledad. Su profundidad psicológica lo convierte en una de las piezas más logradas de Río crecido. A través de esta historia, Félix Torres Milanés demuestra su capacidad para explorar los conflictos humanos más íntimos con una prosa sobria, intensa y profundamente conmovedora.
El cuento “Rancho viejo”, es una narración de gran intensidad trágica que aborda temas como el deseo, la traición, la envidia y la violencia social en el contexto del mundo rural mexicano.
“Rancho viejo” es un relato que retrata con crudeza la fragilidad de la vida rural frente al deseo, la envidia y el abuso de poder. Su fuerza radica en la manera en que Félix Torres Milanés convierte una historia local en una tragedia universal, donde la injusticia y la violencia surgen como consecuencias inevitables de la condición humana.
El cuento “Liborio”, constituye una de los textos más singulares y líricos del libro. A diferencia de otros relatos marcados por la violencia explícita, “Liborio” se construye como una reflexión poética sobre el arte, la vocación y la soledad del creador. Uno de los temas centrales del cuento es el nacimiento del artista. Desde el punto de vista estilístico, “Liborio” es el relato más poético y estético de Río crecido. La prosa se aleja del realismo duro para adoptar un tono casi onírico. Abundan las metáforas relacionadas con la luz, el agua, el viento y la noche, elementos que acompañan y moldean el despertar creativo del protagonista. La música es presentada como un flujo vital, comparable al río que atraviesa el libro entero. El cuento también aborda la soledad del creador. A través de una prosa poética, Félix Torres Milanés reflexiona sobre la creación artística, la identidad y el oficio de seguir una vocación auténtica. El relato deja una impresión melancólica y profunda, confirmando la versatilidad narrativa del autor.
El cuento “Rivalidades”, ofrece una visión crítica y descarnada de la vida colectiva en un pequeño pueblo rural, donde la violencia surge del resentimiento acumulado, la ociosidad y la pérdida de valores comunitarios. El protagonista no es un individuo, sino el pueblo entero. El conflicto se desarrolla cuando las tensiones entre los habitantes se transforman en enfrentamientos abiertos. Las rivalidades crecen sin causa ni justificación: cualquier pretexto es suficiente para detonar el odio. El pueblo entra entonces en un estado de violencia colectiva, donde los asesinatos, las venganzas y el miedo se normalizan. El lenguaje de Félix Torres Milanés combina ironía y lirismo, especialmente en la manera en que se describen los ambientes: las calles vacías, los corrillos, las cantinas, el silencio posterior a los crímenes.
El cuento: “No vivió para vivir” (Historia de un mendigo), es uno de los relatos más reflexivos y existenciales del libro Río crecido. A través de una historia profundamente humana, el autor aborda el vacío existencial, la soledad, la locura, la frustración y la imposibilidad de realizarse plenamente dentro de un entorno que anula las aspiraciones personales.
El relato presenta a un personaje cuya vida transcurre en las calles. Más que narrar una acción concreta, el cuento se centra en la experiencia del fracaso existencial: un hombre que pasa por el mundo sin apropiarse verdaderamente de su vida, sin decidir, sin amar ni construir algo propio.
Uno de los ejes temáticos del cuento es la renuncia silenciosa. El protagonista no se rebela ni lucha abiertamente contra su destino; por el contrario, se deja arrastrar por la rutina, las obligaciones impuestas y el peso de un entorno que limita cualquier intento de realización personal. Esta pasividad no se presenta como cobardía individual, sino como resultado de una vida marcada por la pobreza, la falta de oportunidades y la resignación social.
“No vivió para vivir” se caracteriza por una prosa contenida y reflexiva, menos violenta que en otros cuentos del libro, pero igual de intensa en su carga emocional. Félix Torres Milanés emplea un lenguaje cargado de silencios y pausas, que refuerza la sensación de vacío y estancamiento.
Por último, “No vivió para vivir” es un cuento profundo y conmovedor que invita a la reflexión sobre el significado de la vida y la responsabilidad individual frente al propio destino. Su estilo reside en la sencillez con la que Félix Torres Milanés expone una verdad dolorosa: no todos los seres humanos mueren sin haber vivido, pero muchos viven sin haber sido realmente dueños de su vida.
En conclusión, Río crecido, de Félix Torres Milanés, forma parte de la narrativa rural mexicana del siglo XX, especialmente, del Sur de Jalisco, siguiendo a Juan Rulfo con Pedro Páramo y El Llano en llamas, Ricardo Garibay con Mazamitla, publicado en Los Presentes de Juan José Arreola, con quien mantiene secretas correspondencias con su cuento “Corrido”, y con la prosa poética de Guillermo Jiménez en su libro: Zapotlán.
A través de sus cuentos, Félix Torres Milanés construye un universo donde la vida campesina se muestra sin idealizaciones, marcada por la violencia, la soledad, el deseo y un destino que parece inevitable. Uno de los mayores logros del libro es la coherencia temática entre los cuentos. Río crecido destaca por su lenguaje poético, capaz de transformar lo cotidiano en una experiencia literaria donde la oralidad campesina y prosa lírica se entremezclan.
El libro: Río crecido, de Félix Torres Milanés, es una edición artesanal de la Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena, que se incluye dentro de la colección Ilustres de Jalisco para conmemorar el 105 aniversario del natalicio de Félix Torres Milanés, Hijo Ilustre de Zapotlán y Premio Jalisco (1953). Esta edición, confeccionada a mano, tejida con cuidado y paciencia, pretende rescatar la obra de un autor jalisciense y devolverla al lector en un formato hecho a mano, donde cada libro es único: objeto-libro, libro-arte, u objeto-arte. Y que es un rescate y con el prólogo de Milton Iván Peralta.
Félix Torres Milanés pertenece a la estirpe de autores que escribieron desde Zapotlán, El Grande, cuna de grandes artistas. Nombrarlo Hijo Ilustre de Zapotlán es reconocer que su escritura nació del mismo suelo que sus personajes: de los ríos, los cerros, los ranchos y los silencios.
El Premio Jalisco que le fue otorgado confirma la trascendencia de su legado dentro de la cultura del estado. Sin embargo, más allá de los reconocimientos oficiales, la vigencia de Félix Torres Milanés se mantiene por sí misma, ya que sus cuentos no envejecen o pasan de moda, porque hablan de conflictos esencialmente humanos: el deseo, la culpa, la injusticia, la búsqueda de sentido y la fragilidad de la vida humana.
A 105 años de su nacimiento, su obra continúa fluyendo como el río que da título a uno de sus libros más representativos: un río que crece, que arrastra memorias y que se niega a secarse. Leer hoy a Félix Torres Milanés es volver a escuchar voces que aún nos pertenecen, es reconocernos en historias que siguen latiendo en la conciencia colectiva.
Texticulario,
Melquiades Durán Carvajal
La poesía en Texticulario
Carlos Axel Flores Valdovinos
La Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena ha emprendido un proyecto de hermanamiento literario entre Jalisco y Colima mediante la Colección Xólotl, dedicada a difundir la obra de escritores del territorio simbólico de Jaliscolimán. Este esfuerzo surge en sintonía con el movimiento Alasletras Zapotlán – Capítulo Colima, cuyo propósito es fortalecer los lazos culturales y artísticos entre ambas regiones.
El primer volumen de la colección, “Exoesqueleto de papel maché”, del poeta Jesús Adín Valencia, inaugura una línea editorial que combina la experimentación poética y artesanal. Le sigue “Texticulario”, de Melquiades Durán Carvajal, una propuesta irreverente y lúdica que actualmente se encuentra en prensa. Próximamente verá la luz la segunda edición de “Nogueras: la gente y sus voces. La Molienda 36”, del historiador Cristóbal Rodríguez Garay, obra fundamental para la microhistoria de Nogueras y la memoria colectiva de la familia Rangel Hidalgo.
La Colección Xólotl continúa consolidándose con publicaciones de autores pertenecientes al Movimiento Alasletras reafirmando su compromiso con la creación independiente, la recuperación de voces regionales y la construcción de una comunidad literaria viva entre Zapotlán el Grande y Colima. La Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena es una editorial artesanal, confeccionada a mano, edición al cuidado de Elba Ventura López, José Alejandro Campos Yáñez, Martín Adalberto Sánchez Huerta y Carlos Axel Flores Valdovinos.
Melquiades Durán Carvajal es autor de una vasta colección de obras que abarcan desde cuentos, poesía y haikú: “Agua seca”, “El venado azul”, “La cueva de las historias”, producido en sistema Braille. También ha dejado huella en la educación básica con libros como “Jardín bonsái” y “Quetzalli”, escritos para la Secretaría de Educación Pública, obras que no solo son herramientas pedagógicas valiosas, sino también un reflejo de su compromiso con la formación integral de los niños. Melquiades Durán Carvajal ha sido merecedor de varias distinciones y premios, entre las que destacan: Premio Estatal de Poesía Manzanillo “Mar Adentro” con su cuento: “Los cerdos y las flores” y recientemente: Presea “Prof. Rafael Heredia a lo mejor del arte y la cultura, área de Literatura en Villa de Álvarez, Colima. Durán Carvajal es autor del libro cuento: “Pleitos de perros” publicado por Acento Editores y bajo la coordinación del Gobierno del Estado de Colima a través de su Secretaría de Cultura, beneficiado con el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria. Este libro tuvo una buena recepción crítica. A propósito Alberto Llanes comenta lo siguiente: “Melquiades Durán es un escritor lúdico, preciso, que no ocupa de florilegios y palabras rebuscadas para hacernos parte de su obra, de su contexto, de sus historias”. David Chávez expresa su reconocimiento: “Si ya Rulfo, Arreola, José Revueltas, Edmundo Valadés, Ibargüengoitia, Fuentes, García Ponce, José Emilio Pacheco, Vicente Leñero y Rosario Castellanos, instalaron a México en la modernidad, el otro México: el que se resiste, el que se bronquea, escondido de casi todos y todo, resuella entre los párrafos y la narrativa de Melquiades Durán. Como una pelea de perros, como el polvo de los caminos, México y esa prosa se cuelan en nuestros ojos”. Su obra aparece la antología: “La Cueva de las historias y otros cuentos” y “Manzanillo, mar adentro. Antología de cuentos colimenses 2023”.
A propósito de su más reciente obra titulada “Texticulario” con viñetas y prefacio de Ricardo Yáñez, presentamos el Posfacio de Jesús Adín Valencia:
Es croto —aquella planta de ornato que Alejandro Rangel pintó con maestría— Melquiades Durán también pinta y su formación ha sido la de maestro. Este Texticulario no se conforma con que lo palpes y hojees, te invita a sumergirte de lleno en sus páginas, donde la minificción despliega un humor inteligente que va de la sátira bíblica y literaria hasta juegos con una sola vocal, vicisitudes de poetas, animales y una miscelánea en tiempo de variedad. El sufijo -ario indica relación con la palabra base. Junta, de tal forma que UN Rosario encadena rosas, el osario reúne huesos, el bestiario cataloga animales. Bajo esta premisa, aquí se reúnen textos. Pero hay un guiño a Testiculario, como el poema de Ricardo Castillo que aparece en El pobrecito señor X. La Oruga (1976), editado por Ricardo Yáñez, quien hace portada y prólogo aquí mero. No es casualidad, es sincronicidad; no es azar, es interrelación en el oficio de crear, entre ellos se reconocen, son cosas de poetas… “embriagados y convencidos de que una vez más hemos salvado al mundo”. (Jesús Adín Valencia).
Para finalizar compartimos un texto que aparece publicado en “Texticulario” de Melquiades Durán Carvajal (Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena, Colección Xólotl, 2025).
EL POETA Y LA ESTRELLA
Vinieron a buscarme los poetas: osaron interrumpir la embriaguez en que me encuentro. Quieren reunirse, exigen una gran asamblea y que su voz resuene en todos los rincones, que el mundo sepa que los artesanos de versos sostienen la Tierra. Los escucho con somnolencia y cada vez más lejanos. Lleno mi copa y una para cada uno de ellos. Repito la maniobra una y otra vez. Pasa el día y la noche.
Por la mañana, nadie recuerda a qué ha venido. Antes de marcharse, me piden que pegue una estrella sobre su frente, para distinguirse de los demás y cuando pasen frente a los mortales, escuchen decir a sus espaldas: «¡Ahí va un poeta!».
Martín Adalberto Sánchez, poeta jalisciense
Carlos Axel Flores Valdovinos
En la Casa-Taller Literario “Juan José Arreola” se llevó a cabo la presentación del libro “Un adiós para Ramona” del poeta Martín Adalberto Sánchez Huerta. Presentación a cargo de Melquíades Durán Carvajal, poeta y artista que reside en Colima, Francisco Hernández López, actor y escritor perteneciente al Colectivo Alasletras, y el editor Carlos Axel Flores Valdovinos, director de la Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena. Moderadora: Mtra. Azucena Rodríguez Anaya.
El investigador de las letras de Jalisco, Carlos Axel Flores Valdovinos presentó una breve semblanza sobre la vida y obra del poeta Martín Adalberto Sánchez Huerta, nacido en Tecalitlán, el 9 de octubre de 1964. Maestro de escuela primaria en localidades rurales abarcando desde el primer hasta el sexto grado durante mucho tiempo, principalmente en la Escuela Primaria “Basilio Vadillo”. También fue asesor de una Maestría en Educación en el Estado de Jalisco.
Pintor, muralista, escritor y promotor cultural, su trayectoria literaria y artística es notable. Ha participado en diferentes homenajes, presentaciones de libros, conferencias y en diversas exposiciones de pintura. Como pintor cabe mencionar el mural dedicado al ilustre de Zapotlán: “José Clemente Orozco” que se halla en el Restaurant “La Cascada” y una pintura-retrato en honor a Juan José Arreola, en conjunto con Francisco Hernández López, que durante mucho tiempo se exhibió en la Casa-Taller Literario “Juan José Arreola”.
Martín Adalberto Sánchez Huera fue ganador del Concurso de Cuento para Maestros en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 1991, además de ser ganador de los Juegos Florales de Zapotlán el Grande en 2001 con su poema “Aguatriste”. Cabe destacar que también fue merecedor del premio al Concurso de Cuento del Encuentro Estatal de Valores de la Secretaría de Educación Jalisco en 2015. En ese mismo año, publicó su obra Territorios, gracias a la gestión del regidor Pedro Mariscal en el H. Ayuntamiento de Zapotlán el Grande. Su obra ha sido reconocida también en “La cristalina superficie del silencio. Los juegos florales de Zapotlán” (2018) compilación de Ricardo Sigala, también aparece en “Veintisiete escritores del Sur de Jalisco, antología del confinamiento” (2021), en el “Diccionario de Escritores en Jalisco, biobibliografía (1927-2002)” y en la “Enciclopedia de Escritores de Jalisco”, proyectos de investigación realizado por la Dra. Silvia Quezada.
Martín Adalberto Sánchez fue merecedor del concurso de cuento corto “Juan Rulfo” en San Gabriel. Hay que reconocer que en el Segundo Concurso Estatal de Cuento “Si las paredes hablaran...,” obtuvo el primer lugar con su obra “Como un pez helado que te muerde el corazón”. El dictamen fue emitido por el jurado calificador integrado por personalidades conocedores de la materia, como son: Orso Arreola Sánchez, Juan Manuel Preciado y José Luis Vivar Ojeda en el año 2008.
Otros premios y nombramientos honoríficos corresponden al Primer Certamen Internacional de Poesía “Natalio Valbuena Parra”, y mención en el Tercer Concurso Internacional de Poesía y Cuento “Julio Cortázar” en 2024 con su poema: “Instante para un final”.
Aparece un ensayo de su autoría titulado “Los dos Arreola” en la antología “Yo señores, soy de Jaliscolimán” coordinada por Enrique Ceballos, Higinio del Toro y Efrén Rodríguez en el Centenario de Arreola, editada por la Editorial Tierra de Letras en 2018. Es miembro del Colectivo Alasletras, y ha colaborado con escritos en la revista Alasletras. Cabe reconocer que el colectivo Alasletras ha difundido la cultura del Sur de Jalisco en el Programa de Radio 9.50 “La Mexicana” y en el Canal Cuatro de Zapotlán con programas dedicados a conocer el panorama de la literatura en conjunto con el Mtro. Pedro Mariscal y Francisco Hernández.
Martín Adalberto Sánchez Huerta aparece en dos obras publicadas por el Arq. Fernando González Castolo: Cartulario. Muestra de Letras Zapotlenses, (PuertAbierta, 2018, p. 427) donde se reconoce lo siguiente: “Docente de vocación, creador por pasión. Multifacético en sus actividades, como compositor, poeta, narrador, pintor y orador, se ha presentado en diversos foros culturales y participado en certámenes literarios en donde ha destacado por su gran sensibilidad”.
En otra reseña aparece su ficha en Los notables de Zapotlán del Arq. Fernando González Castolo (2023, p. 46) donde se menciona lo siguiente: “maestro normalista, egresado del Centro Regional de Educación Normal de Ciudad Guzmán que ha incursionado de forma exitosa en la pintura, en la música, la danza y la escritura, dentro de esta última disciplina se ha especializado en el género de la poesía, logrando obtener el primer lugar dentro de los Juegos Florales de Zapotlán en 2011”.
Teresa Gómez Cervantes menciona a propósito de su poética lo siguiente: “Hablar de lenguaje es imposible sin palabras. Martín Adalberto, en Territorios, dice que la palabra estaba dormida y para despertarla utilizó otra: amor. Cuando el amor abre la pasión de las palabras, el corazón y la mente se vacían y se llenan en un constante devenir de amor a entrega, de pasión a olvido, de eclosión a muerte, hay miles de términos en nuestra lengua que nos proveen imágenes, trazos, sonidos”. Y más adelante: “No es poesía, es poema aquello que supera la gramática y la normativa del verso culto, leo a Martín Adalberto y se me olvida la arquitectura del soneto y las endechas, ¿quién piensa en métrica cuando la emoción supera los cánones castrantes de los siglos que se fueron? La emoción se desboca y cabalga con la crin del viento agreste. Pintor, al fin, le pone color a su escritura, trazos largos, medianos y brevísimos van pintando el panorama de sus muy privadas galerías sentimentales. Me pregunto si algún día nos hablará desde su propio libro”. (Véase la Contraportada de Territorios).
En el Pórtico de Territorios se reconoce que el estilo de Martín Adalberto Sánchez Huerta muestra “una madurez plena en el dominio del lenguaje, artístico por nacimiento, que se crea y recrea en cada una de las líneas que conforman estos textos construidos por palabras reinventadas” (2015, p. 3). Más adelante se confiesa a propósito de las sensaciones lo siguiente: “he leído sus palabras y me ha confortado en paisajes de verdor y de frescura, donde un viento ligero acaricia la fragilidad de mi ser, y en donde me he reencontrado en un territorio con una voz que tiene otra forma, una voz sincera, que vibra porque emana del corazón” (p. 4).
En la introducción Martín Adalberto expresa: “Quise fundar un imperio, sembré montes, llanuras y valles. Inventé nombres, seres, míticas sirenas, sin voz e incandescentes besos sobre húmedas playas, la palabra reinventé y la melancolía perfecta para un amor desmesurado. / Sólo conseguí edificar extraños laberintos donde la poesía se pierde, se muere y se resucita. Estos son mis territorios”.
En el prólogo del Maestro Pedro Mariscal para el libro: Un adiós para Ramona se menciona: “Martín Adalberto Sánchez Huerta nos comparte su duelo en Un adiós para Ramona. Un duelo que se manifiesta en un poema de largo aliento plagado de imágenes que asombran los sentidos, que trastoca y reinventa el lenguaje para aliviar y recordar y maldecir y añorar el perfume, la presencia, los pasos, la voz, la risa de una madre ausente. Es el lenguaje mismo el vehículo por donde transita la melancolía”.
Más adelante expresa sinceramente: “Martín cuenta su historia de vida y la historia de su madre, su relación personal con ella, sus carencias, la migración, el hambre, la no presencia de su padre, sus amores de niño, el pantalón corto de sus años tiernos y la mágica presencia de Ramona para convertirse en pan, en compañía, en amor, en caricias; en la mujer guerrera que saca a sus hijos adelante, porque no le queda de otra. Doña Ramos, le decían, porque de cualquier material te construía una flor”. En este sentido, Mariscal reconoce que: “Un adiós para Ramona, es un himno de amor filial tan profundo como humano. Es un canto al dolor, es una historia de vidas compartidas, es una lluvia de imágenes poéticas, es un río de lenguajes que alivian las heridas— o al menos eso creo–, es una bella y demoledora elegía que el poeta nos regala como un bálsamo para sanar los sentimientos que se ahogan en el pecho, es un triduo de insultos bien colocados para noquear la desdicha. Es una larga despedida para una dolorosa ausencia”.
En una entrevista realizada por Milton Iván Peralta en Diario El Volcán se mencionan aspectos importantes sobre la creación poética de su último libro Un adiós para Ramona donde se relatan anécdotas sobre el proceso de creación poética: “la verdad es que empecé a escribir cuando mi madre estaba agonizando porque yo tenía una cuestión muy personal, lo voy a confesar ahorita contigo de que me faltó decirle muchas cosas como nos puede suceder, es muy humano esa situación (hay) personas cercanas que se nos han ido y siempre faltó decirles algo, siempre se queda algo con uno y cuando mi mamá estaba agonizando pasó muchos días ya sin poder hablar entonces yo hablaba con ella y a veces a un lado de su lecho de muerte en el hospital escribía algunas cosas de esas durante el trance de su muerte tuvimos unos días de luto, seguí escribiendo en la noche, la recordé y me sentía ese hueco de que algo me faltó decirle y quizá pudiera decírselo a través de la poesía cuando pienso que pudiera hacer un libro entonces escribí algunas cosas de mis recuerdos de infancia con respecto a ella que es lo primero que aparece en el libro empiezo hablando de que estuve en su vientre desde mi niñez, de nuestra avenida de Tijuana hacia acá, porque yo había nacido en Tecalitlán pero muy pequeños nos fuimos a Tijuana y allá me crie, yo me vine acá cuando entré a segundo de secundaria, a Tecalitlán, entonces de esa manera va surgiendo el libro pero después dije no, no lo voy a publicar porque es muy personal muy íntimo, pero algunos amigos que leyeron algunas cosas me estuvieron animando y finalmente escribí dos o tres poemas posteriores donde hablo ya de haber asimilado su muerte de recordarla ya sin ningún aparente dolor y eso cierra el libro”.
En el Epílogo de Francisco Hernández López se menciona lo siguiente: “He leído a Martín -el poeta- desde hace varias décadas. Es una imaginación insaciable. Ahora, con ‘Un Adiós Para Ramona’ se cumple un ciclo del inventor de metáforas. Se pule un estilo que en otras de las obras literarias de Martín ya se dejaba ver. Las imágenes vuelcan su emoción en golpes de palabras originales. Me gusta el surrealismo, me apasiona el aparente ‘sin sentido’ de las cosas; me emociona la lírica construcción gramatical que el autor se atreve a publicar”. Y por último señala que “es importante decir que Martín Adalberto Sánchez Huerta nos deja ver una parte íntima de su historia de vida. Una vida que puede ser la mía o la tuya, pero que ahora se trasluce en metáforas exquisitas”.
Un adiós para Ramona es un poemario que ofrece una reflexión profunda sobre la existencia, el amor y el destino, la relación de los padres como un punto de partida. A través de su estilo, lleno de contrastes e imágenes sensible, el poeta logra transmitir una experiencia que es tanto personal como colectiva, vinculada a los temas del origen, la memoria y el ciclo de la vida y la muerte, cuyos temas nos permiten comprender el sentido del dolor y la zozobra humana. Los poemas de Un Adiós para Ramona de Martín Adalberto Sánchez Huerta presentan una profunda exploración de temas como la memoria, la identidad, el sufrimiento, y la relación madre-hijo. La obra está impregnada de un tono lírico que transmite la complejidad emocional y existencial de la vida humana, desde los primeros momentos de la gestación hasta la reflexión sobre la muerte. Los poemas tocan la fragilidad de la vida humana, cuyos estados originarios son zozobra, melancolía, dolor, llanto, tragedia. Un Adiós para Ramona se convierte en un viaje poético que explora la vida desde el nacimiento hasta la muerte. La relación madre-hijo es central en la obra. Además de temas como el sufrimiento, el amor, la memoria, y la muerte cuyos aspectos revelan el sentido auténtico del ser humano.
La obra de Martín Adalberto Sánchez Huerta se presenta como un motivo de la fragilidad de la vida, pero también de la fuerza de los lazos que nos unen, de la persistencia de la memoria y de la continuidad de los seres a través de generaciones. Es el paso de la soledad a la comunión, es decir, comunidad de seres que se tejen en lazos de reciprocidad como la maternidad, la fraternidad y la solidaridad. Es el poema metafísico de Martín, un poema de largo aliento, como “Muerte sin Fin, de José Gorostiza, “Constanza” de Guillermo Jiménez o la obra de Xavier Villaurrutia o Enrique González Martínez.
La obra de Martín Adalberto Sánchez Huerta guarda ciertas afinidades estilísticas con la poesía de Xavier Villaurrutia, uno de los poetas más destacados de la literatura mexicana del siglo XX. Aunque sus contextos históricos y biográficos son diferentes, ambos comparten preocupaciones sobre la existencia, el amor y la muerte, en la relación dual de eros y tanatos.
A manera de pastiche: recordemos que en Arreola hay este juego literario que retoma de Villaurrutia: “La muerte toma siempre la forma de la alcoba que la contiene”, a lo que Arreola sugiere: “La mujer toma siempre la forma del sueño que la contiene”. Asimismo, en Villaurrutia: “La muerte es la que da la medida del amor”. A lo que Martín Adalberto Sánchez Huerta expresa: “A pesar de la muerte y del olvido / y a pesar de que, / vuelta a la ceniza ya y dormida, / no lo sepas”.
Zapotlán, magia, cultura y tradición
Carlos Axel Flores Valdovinos
“Zapotlán” ha sido temas de innumerables obras literarias y composiciones artísticas, recordemos que Guillermo Jiménez plasmó un opúsculo y una novela bajo este topónimo. En la antología preparada por Milton Iván Peralta y Ricardo Sigala titulada: Un copo de nieve en el duelo de su traje (La Casa del Mago, 2019) se hallan textos como el opúsculo: “Zapotlán, lugar de zapotes” donde se describen las antiguas tradiciones de la Fiesta de los Indios como: “Los sonajeros, los retos, el torito de petate, los arrieros, las latas de reyes, el Pastor, la Reja, la Virgen de la Candelaria” (2019, p. 247). Y su noveleta: “Zapotlán” (1940) en la que se narra con una prosa poética la magia, cultura y tradición de su pueblo natal: “Era un mes de octubre, había fiesta en el pueblo, los cohetes tragaban la serenidad del cielo y las chirimías y los tambores alegraban la sangre” (2019, p. 268).
En La feria (Joaquín Mortiz, 1963) de Juan José Arreola se hallan viñetas que retratan la vida pueblerina y las fiestas octubrinas de Zapotlán, en la que figuran personajes como Tzapotlatena, el mayordomo, el cura, los tlayacanques, el sonajero, los Viejos de la Danza, pero sobre todo, la figura numinosa de San José, uno de los personajes principales de este novela fragmentaria: “Todo lo que me debe el pueblo de Zapotlán, voy a gastarlo haciendo una fiesta como nadie la ha hecho, y ayudándole a los indios para que les devuelvan sus tierras” (p. 64). El poema sinfónico “Zapotlán” ha sido inspiración de José Rolón, quien además compuso sus “Tres danzas indígenas”.
Norma de la Cruz Ignacio reúne textos inspirados en su pueblo con el título: “Zapotlán. Magia, cultura y tradición” publicado por la Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena (2024), que dirigen Carlos Axel Flores Valdovinos y Elba Ventura López. Este libro artesanal es confeccionado a mano e incluye una camisa de manta y chaleco de listones de seda de colores brillantes para representar la indumentaria del sonajero de Zapotlán.
Durante la presentación del libro llevado a cabo el 28 de octubre de 2024 en la Biblioteca Pública Municipal “Juan José Arreola” de Zapotlán El Grande, se contó con la presencia de Don Porfirio de la Cruz Lucas, jefe de la cuadrilla de los Sonajeros Arribeños, quien cumplió en ese día su aniversario 63 de vida e inauguró este evento con un mensaje sobre el rescate de las tradiciones de los sonajeros en Zapotlán: “el sonajero tiene 130 años, y no tiene más aquí en Zapotlán, el sonajero nace cuando mi bisabuelo Ignacio de la Cruz, siendo tlayacanque de Zapotlán, se da la tarea de traer a los sonajeros de Zapotlán, ¿por qué se dio la tarea? porque en aquel entonces, una fiebre que estaba invadiendo al pueblo de Zapotlán, estaban muriendo todos los indígenas, estaban muriendo y tiraban carretadas de piedras al panteón, mi abuelo, que era muy creyente, como que puso pruebas en San José y le pidió que erradicara esa enfermedad, esa peste, lo cual se vio favorecido, y pidió permiso a los tlayacanques del sur de Jalisco, provenientes de Tonila, San Marcos, Tuxpan y la comunidad del Rincón”.
Carlos Axel Flores Valdovinos cantó piezas del “Cancionero de Zapotlán” con temas como: “Mi querido Zapotlán” de Isidro Coronel y la “Feria de Zapotlán” de Noé Ruiz, además del “Sonajero” de Pedro Mariscal y una composición poética de Norma de la Cruz “Para mi Zapotlán”.
Martín Humberto González, capitán de los enrosos, comentó en la presentación del libro de Norma de la Cruz Ignacio que: “La obra consta de dos capítulos, 10 poemas en “Expresiones del Corazón” 28 de “Magia, Cultura y Tradición” de Zapotlán. Es el segundo capítulo el que canta al periodo de fiesta Josefina de Octubre, pero desde el punto de vista de abajo, desde la pasión y la práctica de una sonajera como lo es Norma”. Y agregó que en el libro de “Zapotlán, magia, cultura y tradición” se hallan poemas dedicados: “A la sagrada familia, al reparto de décimas, a los viejos de la danza, a los sonajeros, al compañero de danza que murió, al cuadrillero y pitero de los arribeños, Porfirio de la Cruz Lucas, salud. Y para mi grata sorpresa hay poemas para el enroso y para el compadre fallecido Felipe Hernández Chávez, muy hermoso”. Martín González concluyó diciendo que: “No nos sorprende para terminar que alguien como Norma de la Cruz Ignacio, que se goza de cuerpo entero con la música, el ritmo y el movimiento de la danza de sonajeros, que le esté atrayendo el ritmo, la rima y el verso en el lenguaje escrito, es otro campo”. Este libro representa el alma de “una sonajera poeta orgullosa de su identidad colectiva”.
Norma de la Cruz Ignacio –la autora del libro– quien vino vestida con la indumentaria típica de los Sonajeros, leyó algunos de los poemas más representativos de esta obra como: “Orgullosamente Sonajera”, “Hasta siempre sonajero”, “Tejido de Flores (Dedicado a Don Felipe Hernández Chávez)”, y “Esencia Cultural (A Don Porfirio de la Cruz Lucas)” y “Festividad”.
Al final se repartió al público jarritos de barro con el ponche tradicional de granada “sangre de pichón” para alegrar esta fiesta del libro. La familia De la Cruz Ignacio obsequió un pastel del “Sonajero” a Norma de la Cruz Ignacio para celebrar su obra literaria: “Zapotlán. Magia, cultura y tradición.
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